domingo 15 de enero de 2012

FINAL FANTASY XIII Episode Zero -Promise- (1) Encuentro: Capítulo 7 de 7

FINAL FANTASY XIII
Episode Zero -Promise-
Encuentro | Capítulo 7

«¿A dónde le gustaría ir a Serah?», se preguntaba Lightning. El simple hecho de pensar en ello la hizo sonreír. Dando una vuelta por el centro comercial, los pasos de Lightning parecían más ligeros que nunca. Había sido su primera visita a una agencia de viajes y el staff había sido muy amable con ella. Le habían dicho que había
multitud de lugares a los que podrían ir aunque sus vacaciones fueran cortas. Hasta le habían mandado información por correo a su casa. En su cumpleaños podrían echarle un vistazo y hacer planes. Serían sus primeras vacaciones juntas. Lightning estaba segura de que haría a Serah feliz.

Pensar en la sonrisa de Serah la hizo sentirse llena de vida. «Mi tesoro», pensó Lightning. «Por el que haría lo que fuera», juró muy en el fondo de su corazón. «Lo siento, Serah, por no haber estado ahí para ti. Pero no te haré sentirte sola nunca más. No utilizaré mi trabajo como excusa. Lo prometo». Sintió que había estado huyendo desde la muerte de su madre. «Ya no tengo que apresurarme, debería tomarme el tiempo necesario para detenerme y relajarme. Por Serah y por mí misma». Entre la multitud, vio a dos personas vestidas de una extraña forma. Una era una mujer de pelo negro cuyas ropas combinaban con el extravagante hombre y con la casi al desnudo mujer que había visto ayer. «Parece que estoy destinada a conocer a mujeres morenas
últimamente», se dijo a sí misma. Pero, al contrario que la mujer de ayer, ésta parecía tener un look trepidantemente salvaje. Quizá era sólo el diseño de sus ropas azules lo que la hacía parecer de tal forma. Probablemente era “lo último en la moda” o algo por el estilo. La mujer que estaba con ella llevaba puesto el mismo tipo de ropa. Seguramente vestían la misma marca; a lo mejor eran de Edén y estaban de visita.

«No entiendo nada sobre moda», se dijo, suspirando. «¿No entiendes qué?» Dijo una voz familiar tras ella. Era el teniente Amodar. Lightning hizo una ligera reverencia y señaló a las dos mujeres a las que había estado mirando. «La ropa que llevan puesta esas dos...». Ya no estaban allí. Quizás habían entrado en alguna tienda.
«¿Dos mujeres?»
«No, olvídalo. Simplemente estaba diciendo que apenas sé nada sobre lo último en moda».
«Incluidos aquellos dos que vi ayer», añadió silenciosamente. «No lo termino de pillar».
«Bueno, quizá tú no, pero, ¿qué hay de tu hermana pequeña? ¿No está interesada en... ah, las últimas tendencias?»
«Si dijera que quiere vestir esa clase de ropas...».
«No se lo permitiría», estuvo a punto de decir. Pero se detuvo. Amodar estaba con las suyas otra vez. Lightning rió secamente. «Así es el teniente».
«Es algo inusual encontrarle en el centro comercial antes del trabajo, teniente. ¿Haciendo las compras, tal vez? ¿A la última?»
«Dejemos de hablar de eso, por favor». Lightning lo dijo tan bruscamente que Amodar dejó ver con el gesto de sus manos que se daba por vencido.
«Estoy observando la zona, ya que será mi área de patrulla durante el festival. Habrá bastantes cambios que hacer en el centro comercial».
«Me alegra que te tomes tu trabajo tan en serio, pero, ¿no crees que deberías esperar al día del festival para hacer eso?»
«Bueno, ¿por qué está aquí, teniente?» Aunque ya sabía la razón porque se conocían desde hacía mucho, decidió devolverle la tomadura de pelo.
«Bueno, por lo mismo que tú».
«No habrá nada que tenga que hacer, ¿no?»
«Un tío viejo como yo puede ser muy olvidadizo. Ya me habré olvidado para el día del festival».
Se miraron el uno al otro y se rieron.
«Espero que todo vaya sin problemas en el festival de este año».

En ocho días, el cielo que cubre Bodhum estará repleto de fuegos artificiales. Será la noche en la que se reunirán todas las personas que quieren que sus sueños se hagan realidad. Al día siguiente, sería el cumpleaños número veintiuno de Lightning. La primera vez en mucho tiempo en la que realmente podría hablar con Serah. Pensar en ello hizo que su corazón latiera de emoción.

«Uh-oh, no podemos quedarnos todo el día aquí. Es la hora, vamos». Lightning se desarrugó la ropa y miró hacia adelante. Era hora de trabajar, hora de convertirse en soldado.
«Entendido, teniente».
La luz del sol esa tarde era intensa. Zigzagueando entre compradores felices, caminaban los dos rápidamente. Escuchaba a gente hablando de tonterías y riendo alegremente. La ciudad costera de Bodhum estaba siempre llena de situaciones así. Lightning las observaba, aun pensando que Serah las estaba observando a su vez.

sábado 14 de enero de 2012

FINAL FANTASY XIII Episode Zero -Promise- (1) Encuentro: Capítulo 6 de 7

FINAL FANTASY XIII
Episode Zero -Promise-
Encuentro | Capítulo 6

Escuchó una voz en la oscuridad. Decía: «Lu'Cie». Era una voz que sonaba como si fuera a desaparecer en un instante. «¿Por qué...?» Esta era una voz diferente, más clara. «¿Por qué has elegido a alguien del Nido?» ¿Quién estaba hablando? ¿De qué estaban hablando? Quiso preguntar «¿Quiénes sois?», pero se encontró con que no podía hablar, ni tampoco abrir los ojos o mover los dedos. Apenas se podía mover. Sentía que estaba flotando. «¿Qué está pasando?», se preguntó. Nada más pensar eso, la oscuridad se volvió más intensa. Sin siquiera pensar en resistirse, se hundió repentinamente en la inconsciencia.

Sintió calurosos los párpados. Al abrir los ojos, vio el cielo azul sobre ella. No sólo el cielo, el exterior del Vestigio también. Cómo llegó al exterior estando tendida en el suelo era todo un misterio. Tímidamente, intentó levantar la mano derecha. Podía moverla, así que intentó con la izquierda. Se alegró de saber que podía mover ambas manos. Intentó levantarse lentamente, pero se mareó un poco. Con las dos manos apoyadas contra el suelo, decidió sentarse un momento.

«¿Qué acaba de pasar? Estaba caminando alrededor del Vestigio. ¿Y entonces? Entonces vi una entrada abierta, así que entré. ¿Y entonces? Pues había muchas escaleras por las que subí, peldaño a peldaño, a las profundidades del Vestigio... Vi un enorme cristal, seguido de una blanca y pura luz. Después de eso... No puedo recordar nada, como si esa luz lo hubiera esfumado todo. ¿Qué pasó? ¿Qué era esa luz?» «¿Por qué has elegido a alguien del Nido?» Recordaba esa voz. ¿Fue un sueño? Probablemente. Había estado entrando y saliendo en un estado de inconsciencia continuamente, y no había ninguna señal de humanos en el
Vestigio. Pero antes de perder la consciencia, esa extraña cosa que vio... No, extraña no. Horrorosa, repulsiva. Su nombre... No. No, era un sueño, una horrible pesadilla. «Pero...», pensó Serah, «Si estoy aquí, eso significa que alguien ha tenido que estar en el interior del Vestigio. Yo estaba inconsciente, alguien tiene que haberme sacado de allí». Buscó una respuesta en su memoria.

Había otra cosa más que ella había oído. Sí, «lu'Cie». «¿Lu'Cie? ¿Ese lu'Cie? No». Serah sacudió la cabeza. «Los lu'Cie no son más que una vieja historia, algo así como un cuento de hadas o una leyenda». Se sentía aturdida. Cuando se cayó, probablemente se golpeó con algo. Se preguntó si habría resultado herida en cualquier otra parte del cuerpo. Movió las piernas, pero no le dolían. Levantó la cabeza, pero esta vez no se mareó. Se apoyó en uno de los muros para levantarse. Las piernas le temblaron un poco, pero pudo mantenerse en pie. No estaba herida. Lanzó un suspiro de alivio. Entonces, sus ojos se fueron directamente a la mugre que cubría su brazo izquierdo.
«Ugh», pensó, girándose para mirar.
«¿Qué... qué es esto?»
Tenía una especie de dibujo negro que cubría la parte superior de su brazo. Estaba emasiado elaborado como para que se lo hubieran dibujado de broma, pero era diferente al tatuaje que Lebreau tenía en el hombro. «Espero poder quitármelo. Si no... ¿qué haré si no?»

Lo tocó con las yemas de los dedos, se sobresaltó. Había visto ese dibujo antes, una marc bastante compleja formada por varias flechas. El de su brazo no era exactamente igual, pero sí similar. Sí, lo había visto varias veces antes en el Vestigio, también era el mismo que había visto en aquella luz roja... «¡Oh!», dijo suavemente. Acababa de acordarse. Cuando vio el dibujo por primera vez en el Vestigio, pensó que ya lo había visto antes. Sí, definitivamente. Hacía ya mucho tiempo, en algo que había tomado prestado de la biblioteca.

Hace mucho tiempo, cuando enemigos pertenecientes a Paals fueron enviados a atacar el Nido, el fal'Cie del Nido convirtió a los humanos en lu'Cie, haciéndoles sus sirvientes y dándoles poderes especiales. Los lu'Cie lucharon para proteger el Nido. Estaba escrito en los registros de la Guerra de Oclusión. El fal'Cie de Paals también hizo a los bárbaros lu'Cie, y los envió al Nido. Fue en esa página donde vio el dibujo, el mismo dibujo que estaba ahora en su brazo. Debajo del del libro había una inscripción que rezaba “La Marca de un lu'Cie - Paals - (Reproducción)”. «¿Soy una lu'Cie?» Una lu'Cie de Paals. «No. Eso no puede ser». Era simplemente una broma cruel. Una broma cruel de aquella voz que había oído en el Vestigio.

«¿Por qué has elegido a alguien del Nido?» Su corazón brincó. Esas palabras... Es como si estuvieran diciendo: «Normalmente no eligirías a alguien del Nido». Y eso significa que debía haber gente fuera. «¿En Paals...?» Por supuesto. El Vestigio venía de Paals. Esa voz había estado diciendo: «¿Por qué has
elegido a alguien del Nido cuando normalmente eligirías a alguien de Paals?». La voz no veía nada extraño en que se hubiera producido una “elección”, lo que significaba que sabían que era en ese lugar donde se elegía a los lu'Cie. Y quien elige a los lu'Cie es el fal'Cie. Lo que significa que...

«¿El fal'Cie de Paals está en el interior del Vestigio?» Ahora todo tenía sentido. Las partículas de cristal en el aire, el gran cristal que vio antes de perder la consciencia... Si el fal'Cie estaba allí dentro, todo tenía sentido. Serah vio al fal'Cie, quien la convirtió en lu'Cie. Convertida por el fal'Cie de Paals, el que trae destrucción a la gente del Nido... Los lu'Cie elegidos por el fal'Cie del Nido eran “Sirvientes Sagrados”, pero los elegidos por el de Paals, "Títeres del Diablo", y enemigos del Nido.

«¿Lo soy yo? No. No, tiene que ser mentira. No puede ser...». Serah se frotó la marca negra de su brazo hasta que le empezó a doler. No desapareció. «¡Esto es sólo una horrible broma!» Se frotó con más fuerza y se sobresaltó al ver que la marca negra estaba cambiando. No desapareció, pero la forma y el color cambiaron. «No puede ser...». No era algo pintado en su brazo. Estaba grabado. «No, no, no... No quiero esto». Se sentó y puso la barbilla sobre las rodillas. «No, esto no puede ser. Es sólo un estúpido error». Intentó convencerse a sí misma, pero el ver continuamente la Marca en su brazo la hacía perder toda esperanza. No podía negar lo que sabía. Habría sido más fácil si no hubiese sabido nada desde el principio.

«Snow... Lightning... Tengo miedo». No hacía frío, pero sus hombros temblaron. Lágrimas caían por su rostro. «Ayúdame, Snow...». Lloró sólo durante un momento. «Snow volverá pronto», pensó. «No quiero que me vea así. Esta horrible marca... Ahora que soy un peligro para el Nido». Tranquilizó sus temblorosas piernas y se levantó. «Tengo que irme de aquí, ahora. Antes de que Snow vuelva». Era el único pensamiento que la mantenía en movimiento

viernes 13 de enero de 2012

FINAL FANTASY XIII Episode Zero -Promise- (1) Encuentro: Capítulo 5 de 7

FINAL FANTASY XIII
Episode Zero -Promise-
Encuentro | Capítulo 5
Lightning pensaba que simplemente deambularía un rato por ahí antes de ir al trabajo, pero al final terminó en el centro comercial. Cada año, turistas de todas partes vienen a Bodhum a ver el festival de fuegos artificiales. Se celebra desde tiempos ancestrales, y hay unas cuantas leyendas en torno a él. La más popular es: «Si rezas a los fuegos, tu deseo se hará realidad». Simplemente eso y nada más, todo lo que tienes que hacer es rezar. Probablemente, por ser algo tan simple, ha terminado siendo creído durante décadas o incluso más.

Todo el mundo tiene deseos. No importa lo feliz que seas, siempre habrá algo que podría hacerte más feliz. Por eso, la noche del festival las puertas de Bodhum se llenan de visitantes habituales. Con tantísima gente junta a la vez, es común que ocurran accidentes. Así que, esa noche, los Vigilantes de Bodhum salen de patrulla. Lightning sería la responsable de la zona que hay entre el centro comercial y la playa.

«Probablemente sea una buena idea comprobar mi zona de antemano», pensó. «Puedo calcular el punto en el que está cada tienda, decidir en qué lugares asignaré a mis soldados y qué debería cambiar para prevenir accidentes. Por ejemplo, debería poner mucha guardia alrededor de esta tienda de accesorios, o al menos decirles a los encargados que deberían estar alerta. Cualquier tienda con joyas en ella estará en peligro de robo».

Miró por uno de los escaparates y algo le llamó la atención. Un largo colgante colgado de una delicada cadena estaba en exposición. Tenía la forma del Nido y de un objeto con apariencia extraña. Lightning no entendía mucho de joyería, pero le pareció algo que le gustaría a Serah. El dar vueltas por todo el centro comercial la hizo darse cuenta de cuánto tiempo había pasado sin mirar escaparates. Probablemente desde la última vez que fue de compras con Serah. «Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que fuimos de compras juntas», pensó. «Desde que me alisté en la Guardia».

De repente, se sintió culpable. Después de alistarse pensó que, una vez se acostumbrara a su trabajo, tendría tiempo para Serah. Pero pasó un año, y asumió más responsabilidades. Incluso se volvió más ocupada. Antes de que se diera cuenta, ya no sólo no salían juntas, sino que eran raros los momentos en los que conversaran. Cuando se unió, Serah estaba todavía en el colegio. Seguramente estaría preocupada por lo
que haría después de los estudios o por sus relaciones con los demás. Todo el mundo tiene problemas a esa edad. Quizá quería pedirle a Lightning consejo sobre muchas cosas, pero no, Lightning estaba muy ocupada trabajando como para escucharla. Serah probablemente se habría sentido sola. Querría a alguien con quien hablar... Así es como habría terminado con un prepotente como Snow. «Si ese es el caso, —pensó— entonces es todo culpa mía. Si hubiera estado ahí para Serah... Incluso aunque estuviese ocupada, podría haber buscado tiempo para ella. ¿Por qué no lo hice? Juré ante la lápida de mi madre que la protegería, pero sólo la hice sentirse sola, tanto que se juntó con ese horrible hombre. Y es todo culpa mía...».

«¡Oh, qué monada!»
Lightning se giró ante la alegre voz. Una madre y su hijo habían parado delante de un portacontenedores de la tienda de animales.
«¿Te gustan estas cosas, mamá?»
«¿Qué? Pero a ti te solían gustar también. Siempre te quedabas delante de la tienda llorando, diciendo “¡Quiero uno, quiero uno!”»
«¿Y hace cuántos años de eso?»
«No tantos... Sólo diez».
Madre e hijo estaban mirando dentro del contenedor. Incluso desde atrás se podía decir que se llevaban realmente bien. El pelo del hijo era plateado, mientras que el de la madre de un color mucho más cálido. Aunque el color del pelo fuera diferente, sus caras se parecían. Dicen que los niños se suelen parecer mucho a sus madres. Por su altura, el chico probablemente tendría unos catorce o quince años. La brillante chaqueta naranja que vestía le hacía parecer aún más mayor. «Yo tenía esa edad cuando mi madre murió», pensó ella,
un poco triste. «Estos son muy buenos con los niños. Son listos y les cogen cariño fácilmente a sus dueños», les dijo el propietario de la tienda de animales a la vez que cogía un pequeño pájaro de uno de los contenedores y lo ponía en una jaula. Era un polluelo de chocobo. «Ahora mismo están agotados en cualquier parte. La tienda de Euride se hizo con unos antes de ayer y ya se han agotado. Tendremos que enviar repuestos pronto».

«Cuando éramos niñas no eran tan populares como ahora», pensó Lightning. Pero un par de personas en su clase tenía crías de chocobo. Serah tenía un amigo con el que solía jugar y que poseía uno. Sus ojos siempre brillaban cuando hablaba sobre ello. «Y bien, ¿os gustaría comprar uno?»
«Oh, no, desafortunadamente, estamos de vacaciones. Sería ir muy lejos llevarlo desde aquí hasta Palumpolum».
La palabra “vacaciones” le dio a Lightning una idea. Unas vacaciones, sí, podía ser una buena idea. Sería una buena forma de compensar a Serah por haberla hecho sentirse tan sola. Podría llevársela a cualquier parte. Aunque no podría tomarse unas vacaciones muy largas, si se ausentara del trabajo unos cuantos días podrían tomarse un respiro juntas. Una vez el festival terminase, su horario de trabajo sería más flexible y su plan tendría la posibilidad de hacerse realidad.

«En mi cumpleaños, —pensó— podríamos hablar sobre ello». Siempre pasaban su cumpleaños cenando juntas. Serah entonces le daba un regalo, elegido tras comerse mucho la cabeza. Esta vez, Lightning podría darle las gracias por el regalo diciéndole que se irían de vacaciones. Solamente las dos. Mientras estuviesen de vacaciones, ella escucharía todo lo que Serah quisiera contarle o decirle, como compensación por todo el tiempo que habían estado sin hablar. Se lo pasarían en grande y comerían deliciosos platos. Por supuesto, cuando regresaran, Lightning reuniría tiempo suficiente para hablar con Serah. No la dejaría estar sola nunca más. Si dejase de estar sola, seguramente abriría los ojos y se daría cuenta de que había estado a punto de ser engañada por ese despreciable hombre. Y entonces, iría a la universidad de Edén. Si hiciera muchos amigos y conociera nuevos lugares, con toda probabilidad se olvidaría completamente de Snow.

Lightning decidió que era una idea excelente. Y todo gracias a esa madre y su hijo. Se dio la vuelta queriendo darles las gracias, pero ya no estaban delante de la tienda de animales. Los vio caminando juntos entre la multitud. Parecían tan felices que la hicieron sentir calidez en su interior.
«Gracias», pensó Lightning. «Espero que disfrutéis del resto de vuestras vacaciones».

jueves 12 de enero de 2012

FINAL FANTASY XIII Episode Zero -Promise- (1) Encuentro: Capítulo 4 de 7

FINAL FANTASY XIII
Episode Zero -Promise-
Encuentro | Capítulo 4

Según antiguos registros, el Vestigio de Bodhum llevaba ahí desde hacía cientos de años. A los edificios y construcciones antiguas del Nido se les suele denominar“históricos”, pero a los de Paals simplemente “vestigios”. Probablemente lo trajeron durante la Guerra de Oclusión, como material para reparar lugares que habían resultado destruidos. Es bien sabido que los fal'Cie traían materiales de Paals para mantener las estructuras del Nido. Pero lo extraño es que, en todos esos cientos de años, el Vestigio que nos concierne nunca fue utilizado como material para reparar construcciones, ni siquiera para la construcción en sí. Tampoco fue devuelto a Paals. Simplemente se quedó en Bodhum, esperando. Haya planes o no para él, o si esté siendo reservado para algo específico, es algo que nadie sabe. Para el inmortal fal'Cie, varios cientos de años no significa nada. Ningún humano podría entender los pensamientos de un fal'Cie.

En cualquier caso, era todo un misterio. Quizá aquellos cercanos al gobierno supieran algo más, pero una ciudadana cualquiera como Serah no sabía nada.
«No importa cuántas veces lo mire, sigo pensando que hay algo extraño en él...». Serah observó el altísimo Vestigio. ¿Quién lo podría haber construido? Los humanos normales no pueden vivir en Paals. La frecuencia de los desastres naturales y los violentos monstruos corriendo frenéticamente lo hacían imposible.
Ella había oído que los únicos que vivían allí eran prácticamente bárbaros. No había forma de que pudieran
haber construido una estructura tan grande y complicada. Había oído, también, que en Paals hay un fal'Cie, así como lo hay en el Nido. Pero, al contrario que el del Nido, que sólo atiende las plegarias de la gente, el de Paals trae destrucción.

Si ese es el caso, entonces no podía haber sido el fal'Cie de Paals. Sí hubiera sido construido por algo tan espantoso como eso, habría sido peligroso para el Nido, y el fal'Cie del Nido lo habría destruido y usado sus materiales. Pero si no fue el fal'Cie de Paals y no fueron los bárbaros, entonces, ¿quién lo construyó?
Muchos libros y documentos se habían escrito sobre el tema. Todo el mundo quería saber, pero no se encontraban respuestas. Era una vieja historia, así que era comprensible que nadie hubiera encontrado la respuesta.

Serah se empezó a interesar por la historia gracias a misterios como ese. Y por eso, empezó a sacar notas mucho más altas. A veces pensaba que si no hubiera crecido cerca del Vestigio de Bodhum, no se habría interesado por la asignatura. Pero no es algo de lo que estuviera muy segura. No había nada como un misterio sin resolver para emocionarla. Incluso aunque no hubiera una respuesta correcta, era divertido imaginar de qué se podía tratar. Por supuesto, que el misterio se resolviera lo hacía todo aún mejor.

«Si tan solo pudiera entrar...». Pero no había ninguna entrada al Vestigio, ni información sobre lo que podría haber dentro. Ni siquiera si había espacio abierto en el interior como en cualquier otro edificio. Serah tocó
el exterior. No estaba hecho de piedra o metal, era frío al tacto. No, seguramente era alguna clase de metal, sólo que no uno que se viera todos los días. O por lo menos no uno utilizado para construcciones.
Probablemente el tacto fuese diferente cuando el monumento residía en Paals. Había estado expuesto al viento y a la lluvia del Nido durante cientos de años. Era posible que no sólo la textura hubiera cambiado, sino el color y la forma también.
Serah elevó la vista a la cumbre del Vestigio y caminó lentamente a su alrededor, manteniendo la mirada arriba. Al hacer eso, parecía que el Vestigio se estaba moviendo. Eso era algo que su hermana le había enseñado cuando era pequeña. Había oído que su padre se lo había enseñado a ésta, a su vez. Serah estuvo allí cuando eso pasó, pero no podía recordarlo.
«Esto nunca cambia», pensó Serah. «Cinco años antes, diez, ahora... Así que probablemente de aquí a cinco o diez años seguirá estando igual. Incluso después de que me muera, probablemente seguirá aquí, impasible...».

Entonces, sintió algo extraño bajo las yemas de sus dedos. Sorprendida, miró la pared. El exterior había cambiado de posición, y ese cambio daba lugar al interior. Serah lo observó asombrada.
«¡¿Está abierto?!» ¿Desde cuándo? Cuando estuvo allí hace un par de días, no encontró ninguna variación.
Había observado el Vestigio desde pequeña, nunca pasaría inadvertido ni el más minúsculo cambio, y menos uno especialmente tan grande como una entrada. Tal vez finalmente un equipo de investigación del gobierno había logrado abrir la construcción. Serah avanzó hacia el interior.
«¿Hay alguien... ahí?» No hubo respuesta. Ni vigilantes tampoco, así que probablemente no se trataba de una
misión de investigación.
«No habrá nada de malo en que eche un vistazo... ¿verdad?» Si se descubriera que había entrado sin permiso, se metería en un gran problema. Pero, finalmente, su curiosidad terminó ganando la batalla.

Entró suavemente en el interior esperando que al menos pudiese ser capaz de llegar al centro. El centro del Vestigio de Paals. Esto era algo que venía de fuera del Nido. Se emocionaba pensando en lo cerca que estaba de descubrir sus secretos. Pero cuanto más lejos iba, más irrespetuosa se empezaba a sentir. El aire en el interior era frío y tranquilo. El Vestigio parecía ser mucho más grande desde dentro que desde fuera. Había caminos y escaleras asomando por cualquier parte. Era obvio que no había gente dentro. No sólo no vio a nadie, tampoco escuchó voces; ni siquiera el más leve sonido. Aparte de eso, el interior era luminoso. Había luces junto a los senderos. Mientras Serah se adentraba más en las profundidades, se preguntaba qué clase de tecnología se utilizaría en el lugar. Las luces parecían hacerse más luminosas a medida que avanzaba, como si estuvieran mostrándole el camino.

«Oh, ¡increíble!»
Pretendió que sonase como un susurro, pero resonó como un eco a sus oídos. Se puso una mano en la boca, dejó escapar un pequeño suspiro y volvió a mirar. La arquitectura era extraña, el suelo parecía estar hecho de piedra, pero era completamente diferente al de cualquier otra construcción antigua del Nido. El suelo, las paredes y los caminos estaban trazados perfectamente rectos, así que probablemente fueron construidos por alguien habilidoso. Las líneas se encontraban unas a otras creando una bella armonía.
«Me pregunto qué habrá aquí dentro». Miró hacia arriba. El lejano techo era suficientemente brillante como para verlo claramente desde abajo. Había un tramo de escaleras que subía, así que tenía que haber algo arriba. En ese momento, el inicio de las escaleras se iluminó, como si estuviera diciendo «Si quieres
saber más, ven».

Serah no vaciló ni un segundo y puso un pie sobre los escalones. Sus pasos hicieron eco. Los escalones parecían ser de una altura diferente a la habitual en el Nido, pero no había tanta diferencia como para que tuviese problemas para subir por ellos. Siguió subiendo un poco más y llegó a otro camino recto, pero que pronto se convertía en otra escalera. Era larga, aunque ella no se sentía cansada. Todo le parecía mucho más
interesante que ningún museo que hubiera visto nunca. Las paredes geométricas, las losas cuadradas del suelo... Serah entraba en trance a medida que ascendía.

Los caminos y escaleras eran bastante complejos, pero no la hicieron perderse. Como pasó antes, el camino ante ella se volvió más luminoso cuando lo alcanzó. Quizás mostrándole la dirección; fue algo que la ayudó a ascender. Para qué estaba hecho ese lugar era lo que se preguntaba. Preguntas que se he había hecho
muchas veces a lo largo de los años le venían ahora a la mente. No parecía que el lugar estuviera hecho para nada malo; no podía sentir nada malévolo en el aire.

«Pero... Estoy un poco cansada. No creo que sea capaz de llegar a la cima...». Ya había pasado por muchas escaleras, caminos y pequeñas habitaciones. Se sentó durante un momento en los escalones para descansar, no estaba siquiera ni en la mitad de la subida. Por supuesto, para ella este era el Vestigio que siempre había imaginado que casi tocaba los cielos. No sería fácil llegar a la cumbre de este sitio.
«Sólo un poco más...». Pensó que si de todas formas iba a bajar, podría también merecer la pena llegar al punto medio de la subida. Sus pies estaban cansados, pero continuó. Estaba respirando fuertemente, avanzando lentamente, cuando algo le llamó la atención.

«¡Qué bonito!»
Al borde de la siguiente llegada había un pilar de luz. Diferente a la de los caminos, era una luz suave y verde.
«Descansaré por aquí. Esa luz probablemente significa que esto es un área de descanso».
Cuando se acercó, vio que había más pilares de luz en la lejanía. La luz la bañaba, eliminando su cansancio. «Sí, esta tiene que ser un área de descanso», pensaba ella apoyada contra el pedestal.
Repentinamente, se escuchó un ruido sordo proveniente del interior del Vestigio. Sorprendida, Serah pegó un salto. El suelo y las paredes en frente suya comenzaron a moverse. Se dio cuenta de que se había confiado demasiado respecto a esos pilares de luz.

No, no eran señal de descanso, sino de algún tipo de transportador. Preocupada, Serah miró alrededor. Las escaleras estaban planas, los caminos se convertían en pasillos... Todo el interior del Vestigio estaba cambiando. En el piso inferior a ella, un gran cilindro cayó con un estrepitoso ruido. «Me pregunto si eso será una fuente de poder», pensó.

De repente, las escaleras delante suya desaparecieron. La chica pensó que se convertirían en un camino recto, como las demás, pero no fue así. No había nada ahí, sólo un callejón sin salida.
«¿Qué voy a hacer ahora...?»
El ruido se detuvo y todo volvió a la calma. Serah sólo se pudo tomar un breve respiro antes de que una extraña forma de color rojo empezara a flotar delante suya. Era la misma forma extraña que había visto en pisos inferiores. Además, pensó que la había visto antes, antes de entrar allí.

«¿Dónde la he visto?»
La forma roja dejó escapar repentinamente una ráfaga de luz luminosa que hizo a Serah cubrirse la cara. Una extraña tabla apareció en el aire. Más que una tabla, parecía suelo flotando en el aire.
«Esto es... como un elevador, ¿verdad? Uno antiguo». Había visto elevadores antiguos al visitar uno de los lugares históricos del Nido. Pero este “elevador” era muy diferente al resto.
«Supongo que sólo tengo que montarme y ver qué pasa». Serah saltó a la plataforma sin siquiera pensar que podría ser peligroso. Al igual que las luces de los caminos y escaleras anteriores, el elevador también se volvía brillante a medida que la conducía a su destino.

Estaba en lo cierto, empezó a subir lentamente. Serah estaba satisfecha de que la llevara directamente arriba del todo. El techo quedaba cada vez más cerca, la luz se volvía tan intensa que molestaba. Y el elevador finalmente se detuvo. «¿He llegado al piso más alto?», se preguntó Serah. El aire estaba más frío que en el piso inferior.

«¿Son estas... partículas de cristal?»
Flotando en el frío aire había millones de pequeñas luces destelleantes. Más que pensar que era bonito, sintió, en algún lugar de su interior, que era sagrado. Se enderezó y caminó entre las chispeantes partículas que flotaban en el aire. «Momentos como este te hacen querer rezar», pensó ella. Las puertas se abrieron, como si estuvieran diciéndole que pronto le responderían cualquier pregunta que tuviera. Ella entró. Estaba todo oscuro. Se empezó a preocupar por que no fuera un lugar en el que debiera entrar, pero el camino se iluminó. No era un brillo como el de antes, pero tampoco era oscuro. «Esta debe ser la dirección correcta», pensó.
Serah continuó y la luz se hizo lentamente más intensa. «Sí, es verdad», se dijo, «Estoy en la dirección correcta».

«¿Hay algo... ahí?»
Apenas podía ver en la débil luz. Había algo delante suya, algo grande, algo vivo... Y se estaba moviendo. En su interior, una fría luz relució.

«¡¿Un cristal?! Pero, pero... ¿por qué?»
En el siguiente instante, una ráfaga abrasadora de luz emanó de él. Era una luz pura y blanca, tan resplandeciente que hizo a Serah cerrar los ojos. Pero una imagen se formó en su mente. Grande y horrible.
«¡¿Qué... qué es!?»
Gritó, pero nada salió de su garganta. La cosa grande y horrible se elevó y retorció. Había un llanto que ella no podía oír.
«No, no, puedo oírlo. Es una canción... Alguien está cantando. ¿Qué canción es? ¿Qué significa?»
Y entonces no pudo seguir pensando. Todo se volvió oscuridad

miércoles 11 de enero de 2012

FINAL FANTASY XIII Episode Zero -Promise- (1) Encuentro: Capítulo 3 de 7

FINAL FANTASY XIII
Episode Zero -Promise-
Encuentro | Capítulo 3

Había intentado evitar que se notase que estaba de mal humor, pero la preocupaba que el ocultarlo no funcionase. Al volver a casa anoche, casi no había hablado con Serah. «Estoy cansada», dijo, y se encerró en su habitación. No quiso decir nada de lo que pudiera arrepentirse. Pensó que si abría la boca empezaría a discutir con Serah para que cortara con ese chico. No quería decirle que estaba en contra de él. Conocía el carácter de su hermana mejor que nadie. Aunque parezca dulce y débil por fuera, por dentro es dura. Si Lightning le dijera que estaba en contra de la relación sólo porque no le gustaba él, Serah intentaría
hacerla cambiar de opinión y seguiría discutiendo hasta que lo consiguiera. Lightning no quería tener que pasar por eso.

Suspiró y limpió la bandeja que usaba para el desayuno. Los días en los que tenía que salir de casa temprano, desayunaban juntas, pero los días como hoy, en los que tenía que salir tarde, comía sola. Cuando Lightning se levantó, Serah ya se había ido. Aun así, ya había preparado el desayuno. La rutina de trabajo de Lightning estaba siempre cambiando, y siempre tenía que salir rápidamente.

Su padre murió pronto, y cuando su madre estaba viva ella ya tenía que trabajar. Así que la experiencia de Lightning con las tareas domésticas era mucho mayor que la de Serah. Serah, sin embargo, era mucho mejor cocinera.
«Serah es simplemente mejor eligiendo comida deliciosa».
«Mm-hmmm... Y también soy mejor cocinera». Ella recordaba las conversaciones que tenía con su madre y con Serah. Siempre estaba feliz y sonriente. Pero entonces, su madre cayó enferma.
Fue justo antes de que muriese. Después de clases, Lightning fue con Serah al hospital donde estaba su madre. Serah intentaba salir corriendo, pero Lightning la sujetaba de la mano, diciendo una y otra vez: «No corras, es peligroso». En otra situación cualquiera, habría sido ella la que hubiera salido corriendo. Pero ese día era diferente.

El día anterior, cuando llegó a casa tras regresar del colegio, el médico se puso en contacto con ella para decirle que su madre había empeorado. «La próxima vez que enferme podría ser peligroso», le dijo.
No había más familiares a los que decírselo, así que el médico no tuvo otra elección más que contarle a la quinceañera de Lightning los detalles de la enfermedad de su madre. «Si pasara algo, hay una persona en los servicios sociales que te puedo presentar». Le habló de muchos lugares a los que podría ir para conseguir ayuda. «Hay muchos programas para que los niños sin tutores puedan vivir libremente. No tienes que preocuparte. Sólo tienes que pensar en ti misma y en tu hermana». Eso es lo que el médico dijo.

Pero, con sus palabras, Lightning se dio cuenta de que a partir de ahora tendría que tomar toda responsabilidad. ¿Se dejó ver ese sentimiento en su cara? Es lo que se preguntaba ella. Mirando atrás, sintió que su madre sabía lo que ella estaba pensando. «Me siento bien hoy. Sí, creo que quiero comer algo de fruta. Serah, ¿podrías ir a comprar un poco para mí?»
«Iré yo», dijo Lightning, ya en pie. Pero su madre sonrió.
«Serah es mejor eligiendo comida deliciosa».
«Mm-hmmm... Y también soy mejor cocinera», dijo Serah, orgullosa de sí misma. Abandonó la habitación.
«Habrá un montón de cosas que tendrás que hacer a partir de ahora, no sólo cocinar», dijo su madre. Los pasos de Serah se desvanecieron en la distancia. La madre de Lightning sonrió. «Sí, lo entiende», pensó Lightning. «Por eso le ha pedido a Serah que vaya a por la fruta. Ahora me seguirá hablando de lo que tengo que hacer». Pero no lo hizo.
«Aunque, sabes, no tienes que hacerlo todo por ti misma. Hay muchas cosas con las que Serah puede ayudarte».
«Pero, mamá...». No pudo decir nada más. Su madre le tendió la mano y la acercó a su cuerpo. Le acarició el pelo como a una niña pequeña. Lightning sintió que estaba a punto de llorar.
«Pequeña linda niña consentida. Te solíamos llamar así antes de que Serah naciera».
«No recuerdo eso...».
«Cuando Serah nació, te convertiste en una hermana mayor. Sólo tenías tres años. Ni tu padre ni yo pudimos seguir llamándote nuestra niña consentida». La voz de su madre sonaba alegre, pero Lightning podía oír el dolor que había en ella. La mano acariciando su pelo era tan fina...

«Después de que tu padre muriera, siempre me ayudabas, siempre cuidabas de Serah. Eres una hermana mayor muy buena. Por eso no estoy preocupada por Serah, porque tú estarás ahí para ella». Su madre continuó: «Pero Serah también estará ahí para ti. Te ayudará cuando sientas dolor, te dará fuerzas. No lo olvides». Y entonces su madre dijo, una vez más, en voz muy baja: «Mi pequeña linda niña consentida...».
La condición de su enfermedad cambió rápidamente tras eso. Ella ya se había preparado para ello, así que lo aceptó sin prejuicios. Ese día, en el momento en que su madre la trató como a una niña pequeña, su infancia se acabó. Dejó de tener a alguien a quien poder llamar madre, así que ya no era más una niña. No podía ser más una niña. «No tienes que hacerlo todo por ti misma». Su madre había dicho eso. Pero la única que
podía proteger a Serah era ella. «Por supuesto», advirtió, «Tengo que hacerlo todo por mí misma».
«Quiero ser adulta». Lo sintió en el corazón. «Para proteger a Serah, para hacer a mi única hermana pequeña feliz, tengo que convertirme en adulta lo más rápido que pueda. Si no puedo ser adulta por ley, tendré que deshacerme del nombre que mis padres me dieron y hacerme adulta por mí misma. Está bien así, ya he dejado de ser la hija de mi madre. En cambio, seré la tutora de Serah. La protegeré». Hizo una promesa delante de la lápida de su madre. Tomó un nuevo nombre, Lightning.

El sonido de su pistolera cayendo al suelo la hizo volver a la realidad. No se había dado ni cuenta de que ya se había vestido. Sonrió irónicamente, todavía no era hora de irse. Pero se había levantado más temprano de lo que había planeado. Probablemente lo que pasó ayer no la dejó dormir muy bien. «Es comprensible», se dijo a sí misma por millonésima vez, y suspiró. Tenía que ser ese chico. Ella no era la clase de hermana
sobreprotectora que querría largar a todos los chicos que hablasen con su hermana pequeña. Quería a alguien que hiciera a Serah feliz, que la protegiera. No dejaría cerca suya a nadie que no pudiera cumplir ese requisito. El chico no tenía que ser alguien elocuente o tener algo bueno que pudieras ver a simple vista. Sólo tenía que tratarla bien, y estar dispuesto a protegerla.

«Pero ese hombre nunca podría protegerla», pensó Lightning. Él es simplemente un chico jugando al rey de la selva. A la primera señal de problemas abandonaría a Serah y saldría corriendo. Si dejara que Serah se enfriara un poco la cabeza, entraría en razón. Una estudiante de instituto con los pies en la tierra y un despreciable hombre desempleado nunca resultaría.

«Si mamá estuviera viva, ¿podríamos detener a Serah entre las dos?»
«No, probablemente no». Lightning encorvó los hombros. «Papá era una especie de tipo duro. Era despreocupado y bondadoso, pero no muy responsable. Ahora que soy adulta entiendo eso», pensó Lightning. «Claro, cuando era una niña quería a mi padre. En mis recuerdos siempre estaba riendo, lleno de vida. Pero... Si hubiera vivido más, ¿habría influido yo en su naturaleza despreocupada? Probablemente me habría revelado en contra suya».

«Mamá eligió a papá, de todas formas. Probablemente ella habría sido blanda con alguien como Snow. Sí, seguro que habría dicho “Si es la persona que Serah ama...”, y lo hubiera aceptado sin más.
Así que es decisión mía proteger a Serah de él. No soy madre, ni padre. Ellos podrían haberle aceptado. «Pero yo no lo haré. Nunca». Se puso sus guantes de cuero y abrió la puerta de su habitación. Ese día decidió marcharse temprano.

martes 10 de enero de 2012

FINAL FANTASY XIII Episode Zero -Promise- (1) Encuentro: Capítulo 2 de 7

FINAL FANTASY XIII
Episode Zero -Promise-
Encuentro | Capítulo2

Sentía agradable la brisa del mar en sus mejillas. Serah caminaba sin rumbo por el paseo marítimo, estirando los brazos ampliamente. El tiempo era bonito. El área alrededor del paseo estaba tranquila.
En esta época del año, todos los turistas iba a la playa a nadar en el océano. El bar de NORA probablemente habría estado lleno desde por la mañana. Incluso aunque no fuera debido a la época turística, era el día en el que Lebreau trabajaba. Su cocina siempre se las arreglaba para atraer a los residentes.
Posiblemente por eso Snow llegaba tarde. Seguro que intentó decir: «Os dejo el resto a vosotros, chicos», y trató de marcharse, pero uno de los de siempre lo arrastró a una conversación. Ver esa imagen en su mente hizo a Serah sonreír.

«¡Hey!», escuchó a una voz decir, y se giró. No era Snow, era un miembro de NORA llamado Gadot. Como estaba conduciendo la motocicleta aérea solo, probablemente iba de vuelta al trabajo. O quizás Lebreau le había pedido que fuera a buscarle algunos ingredientes.
«Así que va a llegar tarde... ¿verdad?», dijo Serah mirando hacia arriba mientras la motocicleta paraba a su lado. Aunque él era más bajo que Snow, sus enormes músculos hacían a menudo pensar a la gente que era un gigante. Cuando Serah le conoció por primera vez, pensó que parecía demasiado grande y daba miedo, pero, por supuesto, ahora ya no sentía eso.

«¿Atrapado por uno de los de siempre?»
«Bingo. Y probablemente también le llevará un buen rato librarse».
«Me pregunto si se trata de uno de esos pesados clientes», pensó Serah. No podía estar segura de quién había sido, si Snow o Lebreau, quien le había pedido a Gadot que viniera de mensajero.
«Vale, entiendo. Gracias».
«Nah, pasaba por aquí de todas formas». Y con eso, Gadot dijo «Nos vemos», y despegó con la motocicleta. Serah le dijo adiós con la mano y se quedó observando cómo se iba.
La calma retornó y de nuevo Serah empezó a caminar. Había un lugar calle abajo, cerca del final del paseo marítimo, donde las gaviotas se solían reunir. Decidió esperar a Snow allí. Nunca se cansaba de observar a las gaviotas jugando en las olas. Deseó haber traído algo que pudiera darles de comida.
«Me encanta esta ciudad», murmuró Serah. Los pájaros jugando en el océano, el color del cielo, las hojas susurrando gentilmente en los árboles... Incluso el precioso y cuidado paseo marítimo.

Pero este era el último año de Serah en el instituto. Ya se había decidido que iría a la universidad de la ciudad capital de Edén. Es el camino que ella misma había elegido, pero el simple hecho de pensar en abandonar la ciudad la ponía triste. Snow siempre decía: «Edén está justo al lado. Podremos vernos cada vez que queramos», y sonreía. Serah siempre se decía a sí misma que no es que no se volvieran a ver nunca más. No volver a ver a alguien nunca era algo que ella entendía bien.

El primero fue su padre. Aunque ella no tenía una edad en la que pudiera entender la muerte, sí comprendía que nunca volvería a verle más. Cuando su madre murió de una enfermedad, lo pasó todavía peor; el dolor de perder a alguien para siempre. Perder a alguien justo delante tuya. Snow también, él se crió en el mismo orfanato que Gadot, Lebreau y Yuj. Conocían el mismo dolor. Por eso trataban a la gente con tanta amabilidad, incluso aunque no se dieran cuenta de ello.

«Soy feliz», advirtió Serah. «Soy feliz, por eso el hecho de que haya un poco de distancia entre nosotros duele. Pudiendo quedar todos los días, y hablar sobre estupideces, estando rodeada por gente amable... Ha sido tan divertido que duele perder sólo un poquito de eso».
«Mocosa engreída. Estás siendo una caprichosa». Se golpeó ligeramente con el puño en la cabeza. «Edén no está realmente tan cerca como Snow dice, pero aun así es verdad que si queremos vernos, podemos. Así que voy a dejar de lamentarme tanto. No quiero perder el tiempo que me queda aquí sintiéndome así». Se acababa de decidir cuando vio a alguien corriendo por el paseo. Era Snow. Había llegado más pronto de lo esperado. Seguramente había puesto su mejor empeño en terminar la conversación lo antes posible.

«¡Aquí!» Ella saltó y agitó las manos.
«¡¿Viste a mi hermana?!» No pudo evitar gritar. Snow estaba casi sin aliento de correr a toda potencia paseo abajo, pero tan pronto como tomó aire, dijo: «Sí, vi a Lightning».
«Ayer me encontré con ella».
«Ajá, por eso...», se dijo Serah para sus adentros.
«¿Qué? ¿Dijo algo de mí?»
«Nada. Pero estaba de muy mal humor, pensé que era extraño». Aunque estuviera de mal humor, actuaba igual que siempre. Lightning nunca hacía pucheros como una niña pequeña al estar alterada. Siempre había sido demasiado orgullosa como para mostrar sus sentimientos. Pero Serah podía, de alguna forma, decir de qué humor estaba su hermana. Como si un campo invisible a su alrededor cambiara levemente. Si lo comparase con algo, diría que es como la electricidad estática. No puedes verla, pero si fueras a tocarla sentirías una descarga.

«Snow parece estar intentando lastimarse a sí mismo», pensó Serah con una amarga sonrisa en sus labios. Lightning y Snow son opuestos exactos. Snow es fiel a sus sentimientos, lo que está pensando se muestra en su cara y en sus acciones, y en sus palabras. Sus sentimientos y forma de hablar están vinculados. Él nunca mentiría o haría trampa. Por eso Serah podía confiar en él, pero su hermana se sentía diferente respecto a eso. Ellos no tenían nada en común, eran como el agua y el aceite.

«Maldición...», Snow se rascó la cabeza. «¿Qué deberíamos hacer?»
Al principio Serah no cogió lo que quería decir, pero entonces entendió la situación.
«Está bien, todavía puedes venir». La semana que viene era el cumpleaños de Lightning.
Serah la había enrollado para que se tomara un respiro, sólo para que los tres lo celebraran juntos.
«Vamos a decirle que estamos saliendo juntos».
«Sí, es horrible tener que ocultarlo».

Serah había planeado presentarle a Snow en su fiesta de cumpleaños. No quería que Lightning se tomase un respiro solamente para presentárselo, ya que eso sólo la irritaría, y estando ella tan ocupada... Pero no quería esperar demasiado.
«Si simplemente se lo decimos, lo entenderá. Es simpática, en el fondo».
«Lightning es alguien que no es sólo dura consigo misma, sino también con los demás. Y un vez ha decidido algo, casi nunca cambia de opinión, así que los demás piensan que es muy terca. Pero así es como ha sido capaz de protegerme y cuidarme», pensó Serah. Aunque ella tenía la edad en la que eres tú el que quieres ser cuidado y protegido, tiró su infancia por la borda para volverse fuerte por Serah. En el funeral de su padre, y en el de su madre, ella estaba allí cogiendo a Serah de la mano. Era como si estuviera diciendo «Pase lo que pase, estaré ahí para ti». Serah nunca había olvidado la calidez de la mano de su hermana...


Ah, finalmente encontró algo que Lightning y Snow tenían en común. «Incluso aunque sus personalidades son completamente diferentes, hay una sola cosa: los quiero a los dos», susurró Serah, en el interior de su corazón. Eso es lo que tienen en común.
«No, saldrá bien. Se lo tenemos que decir. Tenemos que conseguir que nos acepte».
«Pero si se vuelve loca, probablemente me matará», dijo Snow de broma. Serah, intentando no echarse a reír, puso cara seria.
«Si fuera eso lo único que pasara... Si se cabrea, destruirá el Nido entero».
«Lo haría, ¿verdad?», Snow arrugó las cejas. Pero eso era demasiado. Serah dejó escapar intencionadamente una risotada y Snow volvió la cabeza y se rió a carcajadas. «Espero que un día podamos reír así los tres juntos», pensó Serah. «No, podremos. En su cumpleaños».

«¡Snow!», escucharon detrás de ellos después de haber estado un rato riéndose.
«¿Qué pasa, Maqui?», gritó Snow mientras la motocicleta se acercaba.
«Están saliendo. Parece que hay monstruos en el bosque. Los hemos detectado gracias a la comunicación inalámbrica del ejército. ¡Es hora de que NORA entre en acción!»
«Entendido», dijo Snow, la motocicleta aterrizando en tierra.
«Lo siento, Serah, me llevo un rato al líder».
«¡Vale!» Serah bromeó haciéndole una reverencia. Maqui sólo era un año más joven que ella, así que lo consideraba un compañero de clase.
«Perdón por interrumpir», dijo Maqui, riéndose. Snow le llamó niñato e hizo como que le pegaba. Eran como hermanos.
«De acuerdo, me voy a casa, pues».
«¡Espera! Eh, ¿puedes esperarme? Quiero ir de compras contigo».
«¿Para qué?»
Snow le guiñó un ojo mientras subía en la motocicleta.
«Para el regalo de tu hermana».
«Oh, ¡un regalo de cumpleaños!»
«Quiero que lo elijamos juntos. Puedes adelantarte al centro comercial si quieres, e ir mirando...».
«No, esperaré aquí. Iré a dar una vuelta por el Vestigio».
«Vale», dijo Snow mientras la motocicleta despegaba del suelo.
«¡Acabaremos pronto!»
«¡Tened cuidado!», dijo Serah despidiéndose con la mano, aunque Snow y Maqui ya
estaban en el cielo. Ella rió. «Sois realmente rápidos».